¿Te prescribieron insulina? Tranquilo, no es el fin del mundo

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La atención a las personas con diabetes debe ofrecer como resultado la ausencia de síntomas que puedan ser atribuibles a la condición, así como la prevención de las complicaciones agudas y crónicas de la misma. La evolución natural de la diabetes está caracterizada por el deterioro progresivo en la capacidad de secreción de insulina; por ello, la dosis, combinación  y variedad de tabletas hipoglucemiantes debe irse incrementando de forma gradual. En el momento que la reserva de insulina es mínima, es indispensable suministrar la insulina para lograr los objetivos terapéuticos de control glucémico, de nuestros pacientes. No obstante, los beneficios terapéuticos del tratamiento temprano con insulina se aplica en una menor proporción de pacientes de los que se deberían estar insulinizando. El inicio del tratamiento con insulina se retrasa en promedio cuatro o cinco años después del diagnóstico [cuando en general, los pacientes tienen cifras de glucosa en ayuno mayores de 180-200 mg/dl y cifras de hemoglobina glucosilada(promedio de los niveles de glucosa de los últimos tres meses) superiores a 9.0%].

 

El retraso en la aplicación de insulina obedece a muchas razones, entre ellas, aspectos propios del paciente (mitos y creencias previas) y otros más relacionados con el médico (temor a insulinizar) o el sistema de salud (no tener acceso a toda la gama de tratamientos).

Las actitudes negativas hacia la insulina son muy comunes, la mayoría de los pacientes asumen que se les prescribe la insulina debido a que su condición se ha tornado más severa o por una falla personal para adherirse a su régimen terapéutico. Tienen temor de iniciar el tratamiento y se sienten incómodos con la perspectiva de inyectarse todos los días. Algunos pacientes piensan que inyectarse insulina va a resultar sumamente complicado y puede restringir sus actividades o limitarlos en sus vidas personales. Comunmente también se relacionan las complicaciones graves asociadas a la diabetes en un familiar o conocido con el uso de insulina (ceguera, amputaciones) y no con el descontrol glucémico crónico. En nuestro país y el resto de Latinoamérica aún es común que los pacientes asocien a la insulina con el riesgo de perder la vista.

 

Los problemas para aceptar el uso de insulina son consecuencia de la actitud del mismo médico, quien suele referirse a la insulina como una opción si no se adhiere el paciente al tratamiento, siendo esta la mejor indicación terapéutica que existe actualmente para el control glucemico de los pacientes que viven con diabetes, es lamentable que los pacientes la tomen como si esto fuese un castigo o el último recurso.

 

Es fundamental educar y crear conciencia en los pacientes a partir del diagnóstico, pues con el paso de los años, probablemente llegarán a requerir insulina.

 

Superar las barreras psicológicas al uso de insulina es fundamental, el médico debe entender y apoyar al paciente para que logre aceptar aplicarse insulina de manera temprana, motivando a las personas con diabetes para que se apeguen a este tratamiento que debe considerarse como la mejor elección e inversión para evitar complicaciones futuras.

 

En ocasiones se va a requerir de intervenciones específicas, incluso con apoyo de un(a) Educador(a) en diabetes para lograr que las personas con diabetes asimilen que inyectarse insulina no es un fracaso, no implica que esté más grave, no va a tener daño en otros órganos y tampoco va a resultar complicado o muy costoso para él; sino todo lo  contrario es la mejor opción de tratamiento.

Autora: Mtra ED Verónica Espinosa López / Vocera de la Federación Mexicana de Diabetes, A.C. – Profesora titular del Diplomado de Formación de Educadores en Diabetes de la FMD / Céd Prof: 3168952

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